Nunca sabe el que escribe cuando las musas visitaran su cabeza, una testa ya de por si saturada de requerimientos laborales, personales y existencialistas en un tipo de más de cuarenta inviernos purpúreos, morados y lilas; sin añoranza alguna de primaveras o veranos, llegados al caso, como este que estamos viviendo que derrite los sesos por igual a lelos y sabios.
Después de días de tener el blog olvidado tuvo que ser esta Historia antigua y su lectura quien, sin saberlo, me animara a estrujar las teclas negras de mi teclado lleno de polvo.
La historia, una de mis pasiones, no la que tiene que venir, la que pasó o la que pudo ser, la santa Ucrania orweliana no era esta vez el giro mórfico deseado, se refería Miguel a la autentica, la creíble historia real o ¿no?
Apunto de rozar el botón de autodestrucción del blog, se salvó en el último momento y el cable azul, después de todo era el correcto. Un cigarrillo, un par de caladas y otra vez a esperar el golpeteo de la lluvia bronca y salvaje en la ventana mientras las ondas de aquel tiempo que no viví, sónicas e imparables llegan hasta el presente a modo de pardas letras en una pantalla de ordenador.
